Su padre le decía:
-¡Elías, no seas tan nena, no te "apayes"! Sal fuera a tocar palmas con tus primos o a tocar el "cajón"; sal a jugar al futbol, ¡a cualquier juego de pelota!
Pero Elías Montoya no quería tocar palmas, ni tocar el "cajón", ni jugar a cualquier juego de pelota.
No le gustaba porque no era bastante bueno tocando palmas o el "cajón", ni jugaba bien al futbol.
Siempre tocaba suave y delicado, siempre se le escapaba la pelota, o no llegaba, o no corría lo suficiente.
Siempre era el último en ser colocado, o era apartado, o escondido en una esquina. Siempre era el último en ser elegido cuando formaban equipos y siempre decía el capitán:
-¡Qué mala pata! Nos toca Elías Montoya. ¡Perdemos seguro!