Capítulo 13
Al día siguiente -domingo-, Elías no quería salir de casa.
Lo mismo sucedió el lunes por la mañana cuando Elías Montoya no quería ir al colegio. Decía que le dolía la barriga.
Su madre le dijo:
-Vamos, Elías, no seas tonto. Ven a tomar el desayuno que vas a llegar tarde.
Elías no tuvo más remedio que desayunar e ir al colegio, aunque no tenía mucha prisa en llegar.
Elías llegó el último y se retrasaba en entrar.
Fueron entrando todos y algunos chicos lo miraban furtivamente.
Entonces, cuando quedaba él sólo en el patio, miró sorprendido la pared del colegio y...
Pasó un tiempo angustioso hasta que el presentador convocó a los participantes a que subieran al escenario y comenzó a anunciar los premios.
-¡Y ahora, señores y señoras, el ganador del primer premio..., la niña que nos deleitó con sus juegos malabares..., Mari Pili Cañizares!
El público aplaudió, y chilló, y silbó...
Elías se guardó su decepción, se tragó las lágrimas...
Su madre lloraba de emoción; su padre lo abrazó lleno de orgullo y alegría; la señorita Mónica lo felicitó y alabó. Pero Elías no se alegraba.
Su padre dijo:
-No te preocupes. Lo has hecho muy bien, mejor que bien; has estado espectacular. Vamos a llevar a nuestro gran bailarín a comer una gran tarta.
-Hijo, estoy muy orgulloso de ti- confesó su padre casi llorando.
-Nosotras también- exclamaron su madre y la señorita Mónica
Por fin llegó el turno de Elías Montoya.
El pianista empezó a tocar, los focos se encendieron y se fueron apagando hasta quedar uno sólo que enfocó a Elías Montoya cuando salió a escena.
-"Dam-di-dam"- sonaba la música.
-"Dam-di-dam-di-dam..."
Elías bailaba y bailaba.
-"Dam-di-dam-di-dam-DAM".
Y Elías acabó. Saludó. Y el público aplaudió y aplaudió.
-¡Bravo!¡Bravísimo!¡Olé!¡Viva la madre...!
Y llegó ese día.
El sábado por al tarde el Teatro estaba lleno, a rebosar de público.
Después de una breve presentación dio comienzo el concurso "O.T."
Una tras otra fueron pasando las actuaciónes ya que Elías Montoya sería el último en actuar.
El gran mago Borrás con sus números de magia-potagia.
María Teresa y su acordeón tocando sus melodías para pajaritos.
Chenoa Caridades cantando variedades.
El transformista Bustamante difrazándose de mutante.
Bisbal recitanto poesías de chaval.
Una niña que hacía juegos malabares... Una señora cantando cosas agrabables.
Cuando llegó el viernes antes del gran día, dijo el maestro en clase:
-El sábado por la tarde se celebrará en el Teatro el concurso "Operación Triunfo" que será televisado. Uno de vuestros compañeros va a participar. Espero que todos estéis allí para animar a Elías Montoya.
-¡El Nena!- cuchicheaban los niños en tono burlón mientras la niñas sonreían con aprobación.
Y el cuchicheo se hizo extensivo por todo el colegio, por todo el barrio. Y las burlas se intensificaron.
Elías Montoya no quería esa publicidad.
Un día se convocó el concurso "Operación Triunfo" y la señorita Mónica le dijo:
-Elías, dentro de un mes se celebrará en el Teatro el concurso de "Operación Triunfo". Yo quiero que te presentes. He preguntado a tu madre y dice que sí; tu padre ha sido más difícil de convencer pero acabó diciendo que eso es asunto tuyo.
Elías Montoya dijo que sí.
Ese reto lo excitó mucho y se entregó en cuerpo y alma a los ensayos.
La señorita Mónica le preparó para su número de baile una coreografía espectacular. Su madre, con la ayuda de otras madres parientes, le hizo un traje a lo Maurice Chevalier.
Y Elías practicó y practicó.
Casi todos los días, los chicos del cole y de su barrio se metían con Elías Montoya.
Pero Elías Montoya seguía yendo cada semana a la Escuela de Danza y Baile "Mónica C.C.".
Y practicaba, y practicaba... Y progresaba, progresaba...
Pero los chicos -en el colegio y en el barrio-, sobre todo sus primos y los mayores, se metían con Elías Montoya, tanto en la calle como en el patio durante el recreo, y le decían:
-¿De dónde has sacado esos zapatos tan brillantes, Nena? Du-du-dudua-duduaaa... ¿Vas a bailar para nosotros, Nena?
Y le quitaron los zapatos a Elías y jugaron a pasárselos unos a otros, hasta que una niña consiguió cogerlos.
-¡Dejad en paz los zapatos de baile de Elías, dejad en paz a Elías Montoya! -¡Toma, Elías!- dijo la niña dándole los zapatos.
Los niños decían para pincharle:
-¡Necesita que le defiendan las niñas!
Y escribieron en la pared del colegio, a la vista de todos:

Por aquella época se había instalado en la ciudad la famosa bailarina Mónica C.C.. Entonces su madre convenció a su padre (en su casa eran todos muy de "Camarón" y su "cante") y fueron a visitar a la señorita Mónica C.C..
Quedó su padre complacido al ver la trayectoria profesional de la señorita Mónica y, ante el entusiasmo de Elías, lo enviaron a la Escuela de Danza y Baile "Mónica C.C."
-Sobre todo para hacer ejercicio- decía su padre.
Compraron a Elías Montoya un preciso para de zapatos de baile, negros, de charol brillante, brillantísimos, con puntera y talón metálicos.
Y Elías Montoya practicó y practicó.
Su madre le decía:
-Elías, tienes que jugar a algo. Necesitas hacer ejercicio.
Y Elías le contestaba:
-Ya hago ejercicio, mama. Paseo por el bosque viendo las flores, las plantas, los pájaros. Salto a la comba y me encanta bailar, bailar "claqué". ¡Mira...!
Y Elías bailó "claqué" para su mama.
Su padre le decía:
-¡Elías, no seas tan nena, no te "apayes"! Sal fuera a tocar palmas con tus primos o a tocar el "cajón"; sal a jugar al futbol, ¡a cualquier juego de pelota!
Pero Elías Montoya no quería tocar palmas, ni tocar el "cajón", ni jugar a cualquier juego de pelota.
No le gustaba porque no era bastante bueno tocando palmas o el "cajón", ni jugaba bien al futbol.
Siempre tocaba suave y delicado, siempre se le escapaba la pelota, o no llegaba, o no corría lo suficiente.
Siempre era el último en ser colocado, o era apartado, o escondido en una esquina. Siempre era el último en ser elegido cuando formaban equipos y siempre decía el capitán:
-¡Qué mala pata! Nos toca Elías Montoya. ¡Perdemos seguro!
A Elías Montoya le llamaban el Nena, el Nena en el colegio, el Nena en su barrio. Elías Montoya era gitano.
A él no le divertía hacer aquellas cosas que se supone deben hacer los niños payos, ni las cosas que se supone deben hacer los niños gitanos.
En cambio, le gustaba coger flores y saltar la comba. Le gustaba leer libros y pintar cuadros. Le gustaba jugar con recortables de muñecas. Y, sobre todo, a Elías Montoya le encantaba disfrazarse, disfrazarse de lo que fuera. Subía al trastero de su casa, revolvía en los baules de su familia y se probaba toda clase de disfraces, o se los inventaba y hacía el mismo.
Entonces se ponía a cantar y a bailar vodevil y actuaba como si fuera una estrella de cine, como si fuera Fred Astaire.